Inicia el año y con él una nueva serie de expectativas, sueños y metas. Cada inicio de ciclo, nos hace replantearnos la manera en que llevamos nuestras vidas: ¿qué estoy haciendo bien? ¿qué puedo hacer mejor? Ante estas interrogantes, surge la necesidad de una guía, casi de un manual que nos diga exactamente cómo ser felices.
No es ningún secreto que el bienestar es el propósito más codiciado en nuestra lista de cada año, es el núcleo de la lista. La web está llena de fórmulas para alcanzarlo, sin embargo, para conocer dicha fórmula, es necesario identificar cada elemento que nos aleja de él.
Cansancio, trabajo excesivo y desconexión son los males principales de nuestro tiempo, lo primero que señala una persona promedio como el origen de su estrés. Esto no es casualidad, es resultado de la estructura que sostiene a nuestra sociedad.

A través de obras como “La sociedad del cansancio” o “Vida contemplativa” el filósofo surcoreano Byung Chul Han desmenuza las implicaciones de vivir en un sistema que pondera la productividad sobre el bienestar.
“Ya no vivimos bajo la represión externa, sino bajo la autoexplotación voluntaria, alimentada por ideales de éxito, productividad y positividad forzada.” (La sociedad del cansancio, 2012)
Las narrativas de éxito en la actualidad nos repiten una misma idea: nuestro valor reside en lo que producimos y consumimos. A esto se refiere Han cuando nos habla de la autoexplotación: estamos dispuestos a hacer de todo para seguir rindiendo.
Vale la pena preguntarnos por qué buscamos el bienestar, la felicidad. Según el filósofo lo hacemos principalmente para poder seguir trabajando, incluso nuestro descanso, nuestro ocio, nuestro tiempo de esparcimiento está pensado dentro del orden productivista, podemos descansar en tanto ese descanso nos ayude a sentirnos bien para seguir trabajando.
El año pasado durante una entrevista tras recibir el premio Princesa de Asturias, Han habló sobre la importancia de hacer espacio para “más fiesta y más siesta”, dejando en claro que nuestras prácticas de ocio son esenciales para lograr una vida plena y deben estar completamente fuera del orden del trabajo y la producción.
El descanso profundo, la contemplación y la comunidad, son escasos en nuestras dinámicas y también, son la llave hacia nuestra plenitud. Según Byung, el cansancio aparece por algo, el cuerpo siempre nos muestra lo que necesita, escucharlo abre caminos hacia un bienestar personal y colectivo, aunque hacerlo no siempre resulta sencillo.

En nuestros tiempos cada día es más difícil encontrar espacio para el silencio, hay imágenes e información por todos lados, nuestros dispositivos nos saturan de ellas 24/7. El mundo digital se ha vuelto parte fundamental de nuestra vida diaria, por ello, es importante cultivar prácticas que nos devuelvan al presente y nos otorguen un verdadero descanso mental, emocional, psicológico y corporal.

El yoga nos recuerda dos principios profundamente conectados: aparigraha y ahimsa. No acumulación y no violencia.
No acumular tareas, expectativas, consumo, cansancio.
No violentar el cuerpo, la vida y nuestros tiempos de esparcimiento.
En una sociedad que nos empuja a producir sin pausa y a consumir como forma de pertenencia, elegir descansar y celebrar en comunidad se vuelve un acto consciente de cuidado. Es soltar la lógica de la extracción —de recursos, de energía, de vida— y volver a un ritmo que pueda ser sostenible.
Practicar yoga, desde esta mirada, no es optimizar el cuerpo, sino escucharlo; no es rendir más, sino habitar con más respeto. La práctica necesita venir desde el descanso compartido y la fiesta como prácticas de no violencia y de no acumulación: formas sencillas y profundas de volver a tratarnos con amabilidad y de tejer comunidad.
Desde Curliva creemos que iniciar un ciclo no tiene que ver con exigirse más, sino con escucharse mejor.
Si este año tu impulso es habitar el cuerpo con más respeto, soltar la acumulación de esfuerzos y tratarte con menos violencia, este espacio puede acompañarte.

Texto por: Edna Soriano