¿Existe una relación entre el yoga y la violencia? Sí: por un lado en cómo la violencia se filtra y reproduce dentro de las prácticas y filosofías relacionadas al yoga; y por otro lado en cómo el yoga busca reducir o evitar la violencia. Este artículo habla de ambas e invita a la reflexión sobre la práctica propia y la relación entre vida cotidiana y ásanas en el tapete.

Ahimsa, o la no-violencia es un concepto muy popular del yoga. Es un yama, o lineamiento descrito en los Yoga Sutras de Patanjali como parte del sistema para conectar mente, cuerpo, y espíritu. La palabra ahimsa está compuesta por la partícula “a” que significa “no” y “himsa” que significa “matar” , “lastimar” o “violencia”. Curiosamente, el término no es un sustantivo aislado, sino la negación de otro: la violencia. El deseo de borrar la violencia evidencia su presencia. Pensar en no-violencia es también pensar en la violencia, pensar en cómo reducir o evitarla.
Dominique Malebranche – de Black Lotus Collective – explica que ahimsa ha sido descrito como la fuerza que se libera cuando no existe ningún deseo de lastimar. Sin embargo, recalca Malebranche, esto no solo es la ausencia de la violencia, sino además un “amor en acción” que se practica por medio de acciones, pensamientos, y palabras (Malebranche, 2021). Es decir, ahimsa involucra acciones conscientes para erradicar las violencias.

Es evidente que vivimos tiempos atravesados por violencias. Parecería inexistente algún tiempo de la historia humana en el que no hubiera ninguna violencia. Así que podemos asumirnos contextualizados en una sociedad que normaliza la violencia. La ansiedad, el estrés, la depresión en todas sus escalas están relacionadas también a las violencias sistémicas de nuestro contexto.
Pensando desde lo individual ahimsa es una invitación para reconocer las violencias que hemos internalizado – hacia adentro y hacia afuera- y reconfigurar nuestro comportamiento y pensamientos para que no reproduzcan la violencia. ¿Cómo nos hablamos a nosotrxs mismxs y lxs demás? ¿De qué manera nos tratamos? ¿Cómo movemos nuestros cuerpos?
Pensando más desde lo colectivo y general, ahimsa es una invitación para reconocer qué violencias ocurren en nuestras comunidades y a nivel global, y tomar acción para erradicar estas violencias.¿Cómo se organiza el poder en la sociedad? ¿Qué injusticias ocurren y qué podemos hacer al respecto?
Enfocadxs en el yoga, ahimsa nos recuerda que la práctica debe ser amorosa y sin agresión. Esto significa cuestionar también qué violencias atraviesan el yoga históricamente y cómo estas se pueden ver reflejadas hoy en día en los espacios de práctica.

El yoga se ha desarrollado en el contexto de múltiples procesos violentos como la colonización, la opresión y el racismo estructural. En múltiples partes de su historia se observan indicios de violencia.
Queda claro que hay violencias en la historia del yoga y es lógico que estas permean al presente.
Hoy en día existen múltiples expresiones de violencia en el yoga. Algunos ejemplos son:
¿Y luego qué? ¿Cuando es violento ya no es yoga? ¿Si es violento qué es, o qué significa que exista un yoga con violencia?
Para practicar la no-violencia, ahimsa, entonces podemos tomar acción consciente para contrarrestar las violencias que identificamos en el yoga y en la vida cotidiana. Nos mantenemos atentxs a que la práctica y nuestras acciones generales no reproduzcan violencias, sino que contribuyan al bienestar colectivo y al bienestar individual propio de cada integrante de la comunidad.

Malebranche postula que la cultura del yoga debe sanar años de discriminación y opresión sistémica, despertando su lado como práctica de cuidado colectivo. Describe la experiencia de entrar profundamente en una postura con el apoyo de su maestra Lama Rod, a quien cita: “solo podemos soltarnos cuando estamos sostenidos” (Malebranche, 2021).
Practicar ahimsa en el tapete significa sostener al cuerpo y la mente sin forzarlos excesivamente, respetar sus límites, y apreciarlo tal y como es. Nuestros cuerpos merecen ser habitados con dignidad y amor, no corregidos para encajar en un estándar de belleza particular. Significa también practicar sin competencia, y más bien respetando los procesos de cada quién.
Idealmente, practicar con ahimsa en el tapete nos lleva también a practicar ahimsa en la vida diaria. Un yoga que honra el principio de ahimsa contribuye a la salud y bienestar del colectivo y el territorio en el que se desarrolla.

¿Tu práctica te ayuda a reducir la violencia? ¿Cómo practicas ahimsa en tu vida cotidiana?
¡Te leemos en los comentarios!
Griswold, E. (2019) Yoga Reconsiders the Role of the Guru in the Age of #MeToohttps://www.newyorker.com/news/news-desk/yoga-reconsiders-the-role-of-the-guru-in-the-age-of-metoo
Los Yogasutras de Patanjali https://www.yoga-mandir.com/wp-content/uploads/2017/08/YS-Patanjali-2025.pdf
Malebranche D.A., (2021) Embodied radical healing through the collective. En Hagan C. ed. Practicing yoga as resistance (pp27-37), Routledge.
Sood, S. (2023) ‘Om-washing’: why Modi’s yoga day pose is deceptive https://www.aljazeera.com/opinions/2023/6/22/om-washing-modis-yoga-day-pose-of-deception
von Siemens, C. (2025) Ancient Indian Tradition – Or Twentieth-Century European Export https://quillette.com/2025/07/31/ancient-indian-tradition-or-twentieth-century-european-export/
Texto por Ema Chomsky